..Editorial



La Lección Maradona

Eligió a la corporación mediática como rival a derrotar, incurre en una poética “morenista” (no de Mariano, sino de Guillermo, el bravo) y no perdona las jugadas destituyentes que adivina en su contra. El proceso de Diego Maradona al frente de la selección es una metáfora que le calza casi perfecta al relato que el kirchnerismo propone de sí mismo, al menos desde el lockout agrario para acá. En un país donde todo está en discusión, incluso Maradona, nuestro Dios de saldo, la épica maradoniana implica sobreponerse a las críticas, premiar a los leales en procura de lograr un objetivo superior y devolver cada golpe con ferocidad retórica. No gusta su destrato, su soberbia es detestable, su equipo no juega bien, no tiene buena prensa, pero Maradona puede decir, como los Kirchner (perdón por la herejía comparativa), que a algún lugar nos llevaron con sus excesos, sus errores y sus aciertos.
Millones de argentinos fueron testigos de la actitud groseramente desafiante de Maradona después de conseguir el pasaporte al mundial. Más allá de ser una persona afecta a la desmesura, a todos nos quedó claro que se trató, también, de un desahogo. Como viene siendo habitual, cada vez que alguien critica a los medios, éstos responden objetando la forma pero eludiendo las cuestiones de fondo. ¿A caso Maradona miente cuando dice que hay periodistas que lo quieren fuera de la selección?¿Falta a la verdad cuando sugiere que le están facturando haber festejado junto a Cristina Kirchner y Grondona la ruptura del contrato entre la AFA y TyC?¿No tiene derecho a sentirse ofendido cuando comentaristas que nunca pisaron una cancha vociferan que él, el mejor jugador de la historia, “no sabe nada de fútbol”? Es probable que Maradona tenga razón, al igual que aquellos periodistas que honestamente dicen que no les gusta como juega el equipo y rechazan su verba de potrero sin filtro. Seguramente, como en todo, la verdad, si es que está en algún lado, estará en el medio de todas estas afirmaciones. Pero hablamos de un síntoma. El problema real es que los argentinos desarrollamos en todos estos años un talento para la destrucción que sorprende. Si en algo estábamos de acuerdo, hasta no hace mucho, era que cuando jugaba la selección todos éramos del mismo equipo. ¿Nuestro afán de criticar hasta lo que sale bien va a terminar también con eso?
Maradona había prometido llevarnos al Mundial y ahí estaremos. Lo logró con métodos heterodoxos: les pasó videos mostrando la pobreza del país a jugadores que cotizan en millonadas de euros, mientras les decía que esa gente que veían en el tape no tenía alegrías más que la que ellos podían darle adentro de la cancha.
Y puso lo que hay que poner cuando se quiere ganar algo enserio: Convicción.
Los modales son una anécdota. Lo que importa es la lección.

(Copia textual de la Editorial de la revista Veintitrés. Año 12. Número 589. 15/10/09. Buenos Aires, Argentina)

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